dijous, 27 de gener de 2011

La muerte de la cultura

[imatge sense identificar extreta de la xarxa]
Vet aquí que fa uns mesos vaig rebre via e-mail,un escrit d'un vell company,
en Marc R., company que ha conegut d'aprop el món cultural i les seves empreses. L'escrit que no defuig la sàtira, podría ser perfectament un conte, una ficció, o vés a saber, potser no ho és tant...Una faula pessimista? No ho sé...


LA MUERTE DE LA CULTURA

La crisis azotaba el país entero. El paro crecía y crecía, los ciudadanos se evadían mirando fútbol y "Sálvame" por la televisión y en consecuencia, el museo cada vez estaba más vacío.
El nuevo administrador ya hacía tiempo que le daba vueltas a la cabeza. Era un hombre de mediana edad, bien parecido, risueño, elegante, siempre bronceado; pero también un iluminado, un visionario con ideas revolucionarias sobre la cultura.
La directora, por el contrario, quería mantenerse fiel a la política que se había marcado desde un principio: exposiciones temporales aunque fueran aburridas, adquisición de obras aunque fueran caras y sobre todo, evitar que el museo se convirtiera en un "Parque Temático".
Después de largas reuniones en las altas esferas, se decidió la reforma del museo. Se impusieron las tesis del administrador y se rechazaron las de la directora, que se consoló con su prejubilación astronómica. "Empieza una etapa ilusionante" y "Vamos a traer a un público amplio y variado", fueron las palabras del administrador.
Las salas del museo tuvieron varias modificaciones:
En la parte de Sant Joan de Boí, en Románico, se colocó una portería para organizar tandas de penalties. Así, el fútbol se acercaba más al arte.
En Gótico, se contrataron figurantes, para convertirlo en un pasaje del terror no apto para cardíacos.
En la reforma se pensó en la comodidad del visitante. Éste ya pudo descansar en la cama, las sillas y el sofá del Arte Moderno.
En la Sala Oval también hubo novedades. Debido a que los actos de empresa escaseaban cada vez más, se programaron ciclos de cine para los viernes. El primero estuvo dedicado a las célebres "españoladas", protagonizadas por Paco Martínez Soria, Alfredo Landa o Fernando Esteso, entre otros. Los domingos de verano se hicieron funciones de circo, con los payasos más reputados del mundo. Y los domingos de invierno, se celebraron conciertos , en los que volvió a escucharse el inmenso órgano. Algún osado, también propuso corridas de toros para traer a más turistas, pero la idea era políticamente incorrecta.
El primer año, el éxito de público fue espectacular. Nadie echó en cara al administrador, que la institución, según la última auditoría, fuera deficitaria. Alguien recordó el viejo tema pendiente de la librería, pero el administrador declaró: "Con semejante oferta cultural, ¿para qué queremos una librería?"

Pero la alegría duró poco. A los tres meses se anunció el fin del petróleo. La crisis ya era una Gran Depresión. Volvieron las salas vacías, frías y el Vilarato; el mantenimiento y la luz brillaban por su ausencia; la suciedad no se disimulaba; seguridad hacía rondas sin marcador y sin sentido; el restaurante era un comedor de beneficencia... Aprovechando el colapso urbano e industrial, subió al poder el Populismo Revolucionario. El nuevo gobierno tomó medidas de urgencia: "reconversión rural"; fomento del uso de la bicicleta y del monopatín, como alternativa a la desaparecida industria del automóvil; política de igualdad llevada al extremo, ya que se impuso el mismo peinado para hombres y mujeres; nueva política cultural, inspirada por el antiguo administrador, ahora comisario cultural del gobierno, consistente en la eliminación de los libros y las obras de arte, por ser contrarrevolucionarios.
Así pues, el museo tenía los días contados. El Ayuntamiento revolucionario decidió derribar el palacio donde se alojaba el museo, para convertirlo en zona verde.
Hubo dos grupos que tuvieron suerte: los Amigos del Museo, ahora Amigos del Pueblo, pasaron a controlar el negocio de las bicicletas y los monopatines, que invadían las calles. Por otra parte, los restauradores, se convirtieron en técnicos de Parques y Jardines.
La sociedad, empleada mayoritariamente en la agricultura, ya no valoraba la cultura tradicional de los libros y las obras de arte. La gente se entretenía mirando fútbol y programas de cotilleo, a todas horas por la televisión. La cultura había muerto.

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